Us presentem algunes parts de l’article “Nomofobia, la nueva epidemia“.
Del suplement “Tecnologia” d’”El Economista” del dia 13 de juliol del 2013.
Podeu consultar el suplement sencer en pdf aquí.

Más de la mitad de los españoles tiene miedo a salir de casa sin su móvil e idéntico porcentaje sufre de ansiedad cuando se queda sin batería o cobertura. La dependencia roza lo enfermizo.

Nomofobia es el miedo a salir de casa sin el teléfono móvil. Así describe la Wikipedia una patología que comparten más de la mitad de los españoles,
según el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad, sin que los propios afectados tengan constancia de ello. La dependencia llega a ser enfermiza. Ansiedad, nervios, inseguridad y un vacío interno que incluso supera al del ayuno. La epidemia del siglo XXI se extiende de forma implacable y silenciosa entre la totalidad de la población. Los resortes no sólo saltan cuando se produce el olvido del móvil, sino también cuando se agota la batería o cuando nos movemos por zonas donde no existe cobertura celular.
Para medir el alcance del fenómeno, este reportero lanzó el pasado 2 de julio el siguiente tuit: “¿Alguien se atreve a pasar el 8 de julio sin el móvil y luego contarme cómo sobrevivió para un reportaje?”. El reclamo prendió viralmente en Twitter hasta el punto de captar más de cien voluntarios para participar en la experiencia. Periodistas, ingenieros, médicos, estudiantes, sociólogos, mecánicos y numerosos desempleados hicieron suyo el reclamo #undíasinmovil. La curiosidad del desafío les animó a apagar el móvil durante 24 horas para reflexionar sobre ese aparato diabólico que se ha instalado en nuestras rutinas.

El apagón, premeditado y voluntario, arrojó unas reflexiones y testimonios que alimentan el cuerpo de este reportaje y que se pueden resumir en un puñado de conclusiones, tales como que la mayoría de las personas podría vivir sin móvil, aunque es mucho mejor no hacerlo. El malestar, el aislamiento, la inquietud, el nerviosismo o la irritación… si se produjeron, no trascendieron. No hay nada como echar de menos el smartphone para valorarlo en su justa medida. El ordenador personal y el teléfono fijo recuperaron una hegemonía eclipsada en las últimas décadas por el terminal. Curiosamente, los voluntarios que utilizaron la tableta durante el experimento, apenas notaron la diferencia. Salvo hablar y wasapear, todo lo demás se puede hacer con el iPad y sus hermanos. Algunas cobayas compararon la jornada sin móvil con el día que dejaron de fumar.

El ‘smartphone’ entretiene en el cuarto de baño a tres de cada cuatro españoles

Pero una cosa es dejar el móvil en un cajón para jugar a sobrevivir como se hacía hace 20 ó 25 años, y otra muy diferente convertir la ausencia en nomofobia. El testimonio de una persona que rehusó participar en el díasinmovil -páginas 10 y 11- invita a preguntarse si uno también puede estar enganchado al móvil
Las estadísticas asustan. Un tercio de la vida de las personas se consume en actividades digitales, todas ellas viables con el smartphone. Uno de cada cuatro españoles utiliza a diario dos líneas de móvil. El 90 por ciento de las personas no se separa más de un metro del móvil durante las 24 horas del día. El 85 por ciento de los ciudadanos estadounidenses preferiría no beber agua antes que renunciar al dispositivo en el que habita el email, las redes sociales, las principales aplicaciones y la mensajería gratuita. El 80 por ciento de los alemanes prescindiría de su pareja antes que del móvil. El 52 por ciento de los españoles reconoce “cierto agobio” al separarse de sus dispositivos celulares, además de sufrir leves trastornos en su rutina diaria, concentración y salud. Algo más de la mitad de los españoles consulta en el móvil su Facebook, Twitter o correo electrónico durante las comidas familiares, y cada vez con menos pudor o disimulo. También el 78 por ciento de los usuarios echa un vistazo a su terminal nada más levantarse. El smartphone entretiene en el cuarto de baño a tres de cada cuatro españoles y en algunos restaurantes japoneses ya disponen de un platillo para que los comensales coloquen el dispositivo a la vista. Los españoles también estarían dispuestos a sacrificar el televisor o el coche propio antes que verse sin su smartphone. Dos de cada tres consumidores prefieren olvidarse de comer antes que de salir de casa sin el móvil. Dicen que una persona normal consulta su móvil más de 34 veces al día. Los mismos usuarios son los que silencian el smartphone en el cine, teatro o en la ópera, sin apagarlo completamente. El 70 por ciento de las mujeres británicas reconocen sentir algo parecido al pánico si pierden su móvil, porcentaje que ronda el 60 por ciento en el caso de los varones.
Todos los datos anteriores, extraídos de diferentes fuentes y estudios, quedarán obsoletos en poco tiempo.
Visto con cierta perspectiva, nadie puede dudar de que las pautas de conducta impuestas por la telefonía móvil han cambiado radicalmente en los 20 últimos años. ¿Se imaginan cómo será la situación dentro de otras dos décadas?

El 80% de los alemanes preferiría prescindir de pareja antes que de su teléfono inteligente

Llevaba razón Julio Linares, consejero de Telefónica y padre adoptivo del ADSL español, cuando el año pasado -en el curso de telecomunicaciones que organiza Ametic- aseguró que la telefonía móvil “era como el agua o el aire”, elementos con los que resulta imposible vivir. No exageraba tampoco el directivo cuando describía un mundo digital tan apabullante, en el que incluso habitantes del Tercer Mundo sin acceso al agua corriente o a la electricidad sí tenían un móvil siempre a mano.
El 80% de los alemanes preferiría prescindir de pareja antes que de su teléfono inteligente
Pero no hace falta irse al África profunda para comprobar cómo el gadget se ha convertido en un apéndice más de nuestro cuerpo. La gente comienza a compartir contenidos y mensajes durante el desayuno. El libro de cabecera ha quedado relegado ante el móvil o la tableta y lo mismo pasa con los periódicos y revistas. La mayoría de los móviles ya no se apagan por la noche, entre otras cosas porque el 60 por ciento de los usuarios los utilizan como despertador. Según un estudio de Experian Marketing Services, “las personas le dedican 58 minutos a su teléfono inteligente, de los cuales, el 26 por ciento del tiempo lo destinan a las conversaciones de voz y un 20 por ciento a chatear. Las redes sociales ocupan el 16 por ciento del tiempo, seguidas de la navegación móvil (14 por ciento), el email (9 por ciento) y los juegos (8 por ciento).
Visto lo visto, el teléfono acabará jubilando totalmente a las cámaras de fotos y las consolas portátiles, como ya lo hace con los GPS. Las agendas y dietarios de papel agotan sus últimos días, con todos los contactos y el calendario alojados en el móvil, la nube y el ordenador personal.
El poder de atracción del móvil no tiene freno. Un grupo de médicos estadounidenses aseguró que Twitter y Facebook pueden generar la misma dependencia que el alcohol y los narcóticos, y que abandonar esas redes instaladas en el móvil resulta más complicado que desengancharse de la cocaína. El diario New York Times se hizo eco la pasada primavera sobre las curas de desintoxicación de aparatos que algunos colectivos promueven en los Estados Unidos, donde los asistentes depositan sus móviles en el centro de la mesa y el primero que lo toca, paga la factura. En ese tiempo se dedican a cosas analógicas. “En lugar de hacer una foto de un plato de huevos fritos para colgarla en Instagram, ahora disfrutan de la compañía de otros. Hacen esa cosa tan rara que se llama hablar”.

Entre el centenar de voluntarios que participaron en el día sin móvil promovido por esta revista se encuentra la escritora y asesora de comunicación empresarial Norma Dragoevich. Apenas “eché en falta mi móvil para tomar unas fotos impulsivas así como la agenda de contactos”, de la que no tiene copia en la nube, tarea pendiente en adelante. También añoró el Google Map y sintió la sensación de estarse perdiendo algo, quizá el Killer Project. El correo electrónico funciona, pero el acceso a las redes sociales es menos dinámico a través del PC. El teléfono fijo ahora es sólo para los más cercanos, al contrario que en el pasado, donde el móvil sólo se compartía con el círculo más íntimo. “Me siento como cuando dejé de fumar. De esa experiencia -hace ya 20 años- recuerdo la sensación de sentirme de más en los bares: antes me tomaba un café y me quedaba fumando. Al dejar de fumar, me tomaba el café y ya no tenía más que hacer. Lo mismo ocurre con el móvil: es una herramienta de trabajo excelente y permite estar comunicado, pero también es un “ocupa tiempo” muy socorrido. ¿Estaré con síndrome de abstinencia?”. A modo de conclusión tras su día sin móvil, Norma Dra indica en su blog que no se ha perdido nada. “Ningún incendio ni llamada importante. Es verdad que había advertido previamente a mi entorno de que tendría el móvil apagado y es probable que en otro momento del año, con actividad más intensa, el resultado hubiera sido otro. Lo más difícil de gestionar ha sido la agenda de contactos. Todo lo demás es reemplazable. Más incómodo, pero si los móviles desaparecieran, nos amoldaríamos rápidamente a métodos más arcaicos”.

Un usuario medio consulta su ‘smartphone’ unas 34 veces durante una jornada normal

El periodista Albert Cuesta aceptó el reto #undíasinmóvil a lo que añadió #undiasintableta. No pudo descargarse la edición digital del diario Ara para comprobar cómo había quedado su columna sobre información tecnológica. Para verla tuvo que acudir al quiosco, algo que llevaba tiempo sin hacer, ya que le dio pereza descargarse el pdf del diario en el ordenador. El repaso de los feeds RSS lo realizó a través de su MacBook Air sin necesidad del teléfono, algo que tampoco había efectuado desde el móvil desde que cerró Google Reader. “El resto de la jornada fue especialmente tranquilo (…). Me pasé la mayor parte del tiempo junto al teléfono fijo y no tuve que hacer nada especial para permanecer comunicado con el exterior”. La ayuda del número virtual de fonYou facilitó el desvío de las llamadas de móvil o de móvil a cualquier otro número nacional. “Lo que sí eché de menos fue la identificación del número llamante (…) y tampoco pude enviar SMS, pero tampoco tuve la necesidad de hacerlo”. En lugar de WhatsApp, Albert Cuesta utiliza Google Talk -ahora llamado Hangouts- que también se puede usar con el ordenador. “Al no sufrir interrupciones por las notificaciones de correo electrónico recibido en el móvil (…) es probable que mi jornada fuera algo más productiva”. A modo de resumen, Cuesta considera que pasar un día sin móvil fue una experiencia nada traumática. “Más molestos serían una avería de la lavadora, un corte del suministro de agua corriente o una interrupción del servicio de trenes de cercanías. Obviamente, hubiera sido muy distinto de haber estado ese día fuera de mi territorio conocido, por ejemplo, en un viaje para asistir a alguna presentación de producto. Ya no me veo imprimiendo tarjetas de embarque ni consultando en planos de papel la ruta óptima en transporte público”.

Las personas dedican 58 minutos a su ‘smartphone’, de los que 14 son para hablar

Mario (@chocofuego) asegura que “cuando estás sin móvil parece que el día pasa con menos preocupaciones. Como si pasasen menos cosas alrededor. Es una sensación de libertad que nos ha robado la dependencia creada (…) La dependencia que tenemos hoy día del móvil es preocupante, y no lo digo por mi .
El ingeniero Fernando Sevilla, vinculado con el mercado de las telecomunicaciones, el márketing y las finanzas, buscó alternativas al despertador del móvil y tomó precauciones al carecer de la información de Waze sobre las carreteras y calles más saturadas. Añoró la aplicación Pomodoro, herramienta de productividad que divide la jornada en tramos de 25 minutos, con descansos intercalados de distinta duración. “No hay color con Google Maps, en lo que se invierte cinco segundos en el móvil, en la web se tarda casi un minuto”. Sevilla indica que si hubiera querido usar WhatsApp no hubiera sido posible, “porque únicamente se permite llevarlo activo en un smartphone -en realidad hay alternativas-. Pensándolo bien, es la única aplicación que no tengo instalada en la tableta, por lo que no pude consultarlo. En cuanto a llamadas, cada vez realizo menos, y las que hago, son a personas que no han entrado en el juego de la mensajería instantánea y que tienen teléfono fijo”.
El periodista Miguel Ángel Uriondo, responsable de la información tecnológica de la revista Actualidad Económica, encontró problemas en su renuncia al móvil durante 24 horas a la hora de realizar operaciones bancarias. Según cuenta en su blog ALSD, “no me había dado cuenta de hasta qué punto soy dependiente de transacciones que se confirman con un SMS o un número que debe marcarse en una aplicación móvil. Algo que aplica para operaciones que van desde una simple transferencia a una compra a través de Internet. Además, el hecho de no llevar móvil, me impide tener acceso a Hal-Cash, el sistema que utilizo a veces para sacar dinero del cajero sin tener que llevar encima la tarjeta de débito”. Uriondo lo tiene claro: “No sé si el móvil será alguna vez nuestro sexto sentido, como dice Qualcomm, pero este pedazo de cristal, aluminio y silicio funciona, sin duda, como un miembro más de mi cuerpo, y estar sin él provoca sensación de miembro fantasma. Te echas la mano al bolsillo con la misma frecuencia que la lengua al hueco de un empaste recién caído. Es difícil pasar la vida pendiente de no perder algo y, de repente, pasar a no tener que preocuparte”. Rubén Calvo, empresario TIC y director de MediasMaratones.com, “tenía sudores fríos sólo de pensar que estaría 24 horas sin conexión al teléfono, que forma parte muy importante de mi trabajo y de mi ocio”. Tras el experimento, considera que “se podría vivir sin móvil gracias a todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición: redes sociales, email, skype, entre otros, pero realmente el smartphone significa para mí más que un teléfono pues es mi oficina portátil, todo va en el móvil conmigo gracias a la nube y para un empresario eso es muy importante: tener acceso a cualquier información en cualquier momento y en movimiento. Al final llegaron las 00:01 horas, tras 24 horas sin teléfono, tocaba encenderlo con mucha curiosidad. ¿Qué habría pasado? Pues lo que pasó fueron muchas llamadas, mensajes en el buzón de voz, WhatsApp… Al final tuve que ponerme a revisar todo y dejarlo todo en orden tras un experimento, que bajo mi punto de vista, todas las personas deberían de hacer, ya que sacas conclusiones muy importantes”.
Otros usuarios que también se sometieron al reto del día sin móvil también echaron en falta el teléfono para tomar anotaciones, mirar la hora, tomar fotos impulsivas, medir los kilómetros recorridos en la sesión de running o salir de dudas en una apuesta a golpe de consulta en Google.